jueves, 4 de julio de 2013

Pregón San Pedro 2013


Pregón de las fiestas patronales en honor a San Pedro Apóstol 2013

Viernes 28 de junio – 20:30 horas


Queridos Alcalde, miembros de la Corporación Municipal, valdeandinos de nacimiento y adopción, buenas tardes a todos.

Antes de nada, me gustaría agradecer al Ayuntamiento la oportunidad que me ha brindado de pregonar las fiestas a nuestro patrón San Pedro. Como valdeandino es uno de los mayores honores a los que uno puede aspirar.

Tengo la suerte, dado el particular temperamento de nuestro pueblo, de dirigirme no solamente a mis paisanos, sino a un sinnúmero de amigos. Como podéis suponer, y dada mi edad, yo no os hablaré sobre las clases en las escuelas, o lo de trillar en la era, o de bajar a Aranda en carro o tractor. Yo soy casi, de la generación de las piscinas; sólo casi, porque aún tuve tiempo de bañarme en ‘El Cuadrón’, poco, que ya sabéis que lo de nadar no es lo mío. Lo que sí atesoro es un buen número de vivencias que, en conjunto, hacen que siempre sienta un cosquilleo cada vez que vuelvo a esta nuestra tierra.

Creo que es algo que nos ocurre a todos los que, es ley de vida, nos hemos tenido que buscar las habichuelas lejos del lugar donde nacimos y crecimos. Nosotros, los que estamos un poco más lejos de casa, llevamos con un orgullo especial nuestras raíces y nos encargamos de uno u otro modo de presumir de burgaleses y valdeandinos. Podríais preguntar en mi trabajo, donde todos y cada uno de mis compañeros conocen el nombre de Valdeande, aunque no hayan tenido la oportunidad de estar aquí.

De hecho, todas la historias y chistes que sabéis que me gusta contar, cuando las relato en Madrid, empiezan con “como dice uno de mi pueblo”, o “como se dice en mi pueblo”. Para mí es una otra forma más de seguir conectado con Valdeande. Y eso que yo trato de volver a menudo, que si no me dan mucha guerra en el bar... ¿a que sí David?

Y es que el pueblo, para quienes ya no vivimos todo el año aquí, representa primeramente la libertad, la libertad con mayúsculas, la huída de las preocupaciones en los adultos, la diversión en los jóvenes y no tan jóvenes, la vuelta a innumerables recuerdos que en conjunto han ayudado a fraguar parte de lo que hoy es nuestro carácter.

Valdeande está íntimamente ligado a todo eso que somos, quizá por esos recuerdos de niñez y juventud, donde forjamos amistades que durarán toda la vida, aunque a veces sólo nos veamos de año en año. Aquí aprendimos, con “los amigos del pueblo”, a andar en bici, a jugar al fútbol, al frontón, a caer y levantarnos, a ayudarnos unos a otros, a asar unas chuletas, a disfrazarnos, a cantar, a reír, a llorar, a jugar a las cartas, algunos incluso a nadar… Y esto ha sido así durante décadas, entre los que nacimos aquí y los que nacisteis fuera, los que aún viven en el pueblo y los que lo hacemos lejos de esta querida tierra.
Regresar al pueblo es, al fin y al cabo, reencontrarnos con aquellas personas con las que hemos compartido algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas. Porque lo más importante de cualquier experiencia es precisamente junto a quien la vivimos.

Una de las cosas por las que más me enorgullezco de ser valdeandino es por nuestra capacidad para convivir, que hace que, como ya he dicho, seamos básicamente un montón de amigos. Lo que a nosotros nos parece natural, es decir, mayores y jóvenes conviviendo, especialmente en los periodos vacacionales, es algo que no es habitual en absoluto. Que nos juntemos todos en perfecta armonía para la matanza, para hacer rosquillas, incluso en una partida de cartas en el bar, donde se puede ver a nuestros mayores compartiendo mesa con veinteañeros, creedme que es algo extraordinario.

En mi modesta opinión, es esa característica la que nos hace más especiales. No seremos el pueblo más grande de la Ribera, pero sí el que mejor sabe convivir, y eso es algo que se me antoja simplemente impagable. Sin duda, han sido nuestros mayores los encargados de transmitir de generación en generación esta peculiar forma de ser, que yo aprendí, por ejemplo, jugando a las cartas con el Rufino y la Pris, preparando las cosas en la Asociación Cultural o plantando los chopos de la arboleda de la ermita…
Creo que era el tío Basilio el que decía aquello de que “para jóvenes los de antes y para viejos los de ahora”. Casi estoy por darle la razón, aunque seguro que dentro de unos años seremos nosotros, los que ahora somos jóvenes, quienes lo diremos con orgullo.

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin acordarme de los que los que ya no están, especialmente de aquellos que nos han dejado en el último año, pero cuyo recuerdo seguirá con nosotros para siempre, en las vivencias y anécdotas que casi todos hemos compartido con ellos, desde el Graciano a la Teodula, la tía Dula, como siempre la llamábamos de pequeños, pasando por la tía Juanita, el Pedro, el Andrés, que siempre será ‘el Chapi’, dicho con todo el cariño, el tío Boni, el Aurelio, el Hermenegildo, el Luciano o la Dolores y la Cris. Espero no haberme dejado a nadie. Seguro que allá en el cielo seguirán vigilando que los suyos estén bien.

Pero no es momento para ponernos tristes, sino para disfrutar; para olvidarnos de la dichosa crisis, juntarnos con esa gente a la que sólo vemos en el pueblo y que nos hace la vida un poco más feliz. De eso se tratan las fiestas, de brindar nuestra alegría a nuestro patrón, y de reencontrarnos con los seres queridos.

Porque las fiestas de San Pedro, por su fecha, siempre han representado el punto de partida del verano, el momento de inicio de la cosecha, de las vacaciones para los estudiantes, incluso de la apertura de las piscinas en los últimos años. El fin de semana en el que el pueblo comienza a llenarse de vida cada vez más hasta el boom de agosto. Resumiendo, suponen el inicio de la mejor época del año, aunque también la más importante en el campo. Sirvan estas palabras como homenaje a todos los agricultores, especialmente en estos tiempos modernos en los que parece haberse olvidado que toda la cadena de la vida se inicia precisamente en el campo.

No me alargo más, pero antes de terminar, me acuerdo del proverbio que dice que la mitad de la alegría consiste precisamente en hablar de ella, así que dediquémonos a ello en cuerpo y alma, que el lunes aún queda muy lejos y no hay mejor medicina que la risa.

Unas últimas palabras a los jóvenes, para la Peña la Cuba o los que van a ir como las Grecas, no sé si hace falta que os lo recuerde, pero en estos tres días toca perdiz.

Sólo me quedan tres cosas más que deciros:

¡¡¡Viva San Pedro!!!

¡¡¡Viva Valdeande!!!

¡¡¡Y viva la madre que os parió!!!









Iván Vicario Martín